- El proceso formativo combina teoría, práctica, juego de simulación y reflexión para analizar cómo el cambio climático impacta los sistemas productivos agropecuarios.
La metodología busca que personal técnico y personas productoras tomen mejores decisiones frente a escenarios de incertidumbre climática, financiera y productiva.
Ronny Rosales Robles
Encargado de Mercadeo y Comunicación, Sede de Atenas
La formación de personas facilitadoras en el simulador “Gestión de la Resiliencia Climática”, liderada por el área de Investigación y Transferencia de la UTN Sede de Atenas, representa una apuesta por fortalecer las capacidades del sector agropecuario frente a los desafíos del cambio climático. La iniciativa busca preparar a personal técnico para replicar una metodología práctica, dinámica y cercana, orientada a comprender los riesgos climáticos y tomar mejores decisiones en sistemas productivos.
El taller tiene como objetivo formar un grupo de personas facilitadoras capaces de implementar el simulador GRC, una herramienta metodológica propia de la Sparkassenstiftung Alemana (DSIK). El proceso combina teoría, práctica, juego de simulación y espacios de reflexión, con el fin de que las personas participantes comprendan la complejidad de gestionar riesgos climáticos en actividades agropecuarias.
La formación está dirigida a extensionistas del Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG), quienes podrán replicar la metodología con integrantes del propio Ministerio o con aliados estratégicos de la institución. El proceso tiene una duración de 32 horas de formación y contempla una certificación emitida por la DSIK, la cual permite facilitar talleres del simulador de manera independiente, según las condiciones acordadas en el convenio institucional entre MAG y DSIK.
Durante el simulador, las personas participantes gestionan una pequeña granja en un entorno cambiante. A través de varias rondas de trabajo, los equipos enfrentan oportunidades de crecimiento, desafíos productivos, amenazas climáticas y decisiones financieras que impactan directamente la resiliencia de su unidad productiva.
Uno de los principales aportes de esta metodología es que permite aprender desde la experiencia. Las personas participantes no solo reciben información, sino que deben analizar riesgos, tomar decisiones, administrar recursos, evaluar resultados y reflexionar sobre cómo esas decisiones pueden aplicarse en contextos reales de campo.
El proceso aborda temas como cambio climático, resiliencia, vulnerabilidad, exposición, capacidad adaptativa, gestión financiera, medidas de adaptación, evaluación de riesgos y elaboración de planes de acción. De esta manera, el simulador conecta la información técnica con situaciones concretas que enfrentan productores, extensionistas e instituciones en el territorio.
La metodología también promueve habilidades fundamentales para el acompañamiento agropecuario: evaluación básica de riesgos, definición de intervenciones apropiadas, trabajo colaborativo, toma de decisiones bajo incertidumbre y diseño de acciones para fortalecer la resiliencia productiva.
Más que una capacitación tradicional, el simulador propone una forma distinta de aprender: jugando, analizando, decidiendo y conversando sobre las consecuencias de cada elección. Esa dinámica permite que conceptos complejos, como riesgo climático, adaptación y sostenibilidad financiera, se comprendan desde la práctica y no únicamente desde la teoría.
El valor de la experiencia también fue destacado por Juan Montero, participante del taller. “El taller fortaleció mi aprendizaje en conceptos contables y productivos aplicados a una empresa agropecuaria, además de reforzar el trabajo en equipo y la conciencia sobre los efectos del cambio climático en la producción”, expresó.
Con este proceso formativo, se fortalece una capacidad clave para el país: contar con personas facilitadoras preparadas para acompañar al sector agropecuario en la identificación, análisis y gestión de riesgos climáticos. En un contexto donde la variabilidad climática exige respuestas cada vez más oportunas, herramientas como el simulador GRC permiten traducir el conocimiento en decisiones concretas para proteger la producción, mejorar la planificación y construir territorios más resilientes.