Ronny Rosales Robles
Encargado de Comunicación y Mercadeo, Sede de Atenas
Atenas, Costa Rica. En el marco del Día Mundial de las Abejas, una investigación desarrollada por Marianyela Ramírez Montero y Adriana González Molina (UTN Sede de Atenas), junto a José Pablo Carvajal Sánchez (UTN / Universidad Nacional), pone sobre la mesa un tema urgente para la conservación: no toda flor “amiga de las abejas” es segura. Su artículo, publicado en Yulök Revista de Innovación Académica, documenta mortalidad de abejas nativas asociada a las flores del árbol “Llama del bosque” (Spathodea campanulata) en individuos muestreados en Atenas y San Ramón, provincia de Alajuela.
Las abejas —incluidas las nativas sin aguijón— son pilares invisibles de la vida cotidiana: sostienen procesos de polinización que mantienen la biodiversidad, ayudan a la reproducción de plantas nativas y respaldan la producción de alimentos. Por eso, la disminución de sus poblaciones no es un problema “de insectos”: es un riesgo directo para el equilibrio ecológico y para la seguridad alimentaria. En esa línea, el estudio aporta evidencia local sobre un factor de presión poco discutido: el uso ornamental de especies exóticas que pueden convertirse en trampas para polinizadores.
El árbol Spathodea campanulata, ampliamente utilizado con fines ornamentales por su floración llamativa y su rápido crecimiento, produce abundante néctar que atrae a múltiples insectos, incluidas abejas. Sin embargo, el artículo advierte que ese recurso —o el mucílago presente en brotes florales— puede ser letal para algunas especies, lo que plantea un riesgo para la apifauna nativa en los sitios evaluados.
Para dimensionar el hallazgo, el equipo realizó muestreos quincenales entre junio y diciembre de 2023, recolectando flores caídas de cinco árboles (dos en Atenas y tres en San Ramón). En total se analizaron 2.750 flores. De ese universo, 19,5% contenía insectos muertos en su interior, con un total de 1.172 individuos, principalmente de los órdenes Hymenoptera y Diptera.
El impacto sobre abejas fue particularmente relevante: la familia Apidae resultó la más afectada, con 651 individuos, de los cuales 640 correspondían a abejas nativas sin aguijón (tribu Meliponini). El estudio identificó 14 especies de meliponinos, con Trigona corvina como la más representada dentro de los individuos encontrados.
Además de evidenciar la mortalidad asociada a esta especie ornamental, la investigación plantea recomendaciones concretas de conservación y prevención. Dada su utilización en espacios urbanos y semiurbanos, se sugiere considerar el uso de árboles y plantas nativas que brinden recursos florales seguros para los polinizadores, contribuyendo a la biodiversidad y al equilibrio ecológico de los ecosistemas tropicales.
El artículo también subraya la importancia de atender a especies clave para los ecosistemas. En el caso de Trigona corvina, aunque no se utiliza comúnmente en meliponicultura para miel, cumple un rol fundamental en la polinización de numerosas especies vegetales, incluyendo cultivos de relevancia alimentaria. Por ello, se recomienda incluirla en programas de conservación y manejo que promuevan condiciones seguras para las poblaciones de abejas nativas.
En el Día Mundial de las Abejas, este tipo de evidencia nos recuerda que la conservación no es solo un discurso: también es una decisión cotidiana y territorial. Elegir qué especies sembramos, cómo diseñamos parques y jardines, y qué prácticas promovemos en fincas y comunidades, puede marcar la diferencia entre un paisaje que alimenta polinizadores… y uno que los debilita. La invitación es clara: proteger abejas es proteger vida, y esa protección empieza —literalmente— desde el suelo que cultivamos y las flores que ponemos a florecer.